MANIFIESTO A LA SOMBRA DE LOS CEDROS EN FLOR
No es nuestra condición
de hombres maravillados desde el primer granizo
lo que nos da un lugar entre los pobres de la tierra.
Tampoco el que una vez hayamos descubierto en la soledad de
la prosa de Copérnico que nuestro corazón no es el centro de nada.
Más nos gusta pensar
que es porque no nos tocaron ruiseñores ni naranjos,
ni yacimientos de sol en los huesos,
ni muchachas con axilas y boina de sirenas
y con las cejas como tildes de eñes.
Aunque pudiera ser por todas estas cosas juntas
o porque nunca tuvimos barriletes en la infancia.
Somos filósofos,
es cierto,
pero no de los que esperan a la sombra de los cedros en flor
a que se vacíen las venas de la vida.
Nuestra lógica es diáfana
y no tememos que la muerte nos llene de mariposas,
ni nos preocupa que el olvido sea una forma frecuente de existir la materia.
Mario Payeras,
Poemas de la Zona Reina, 1972/1974
Artemio Edinter, Guatemala, 2002
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